Verde vida
Al florecer de la primavera,
se colorean las amapolas,
reverdece el trigo.
Del suelo asoma, hacia afuera,
un ramillete de merenderas,
abrazando la carretera.
A la vereda del río, la princesa,
dio media vuelta
a su camino.
Y ya al irse el calor,
empezó a extrañar
lo que le faltaba en
el castillo.
De más echaba
sus riquezas, de menos,
al de su corazón mendigo.
Buscar en bandidos
el amigo perdido
fue su castigo.
De la
derrota fui testigo,
de la adversidad, destino;
de mí mismo molinos.
Se me fugó el alma
se me congeló el
corazón y
enmudecieron mis latidos.
A la puesta de sol,
un mar de estrellas
es mi abrigo.
A la sombra de la luna,
todo es amor,
ternura,
cariño.
De la mano de la Luz,
no me mojo
aunque haya llovido.
Pero esta verde noche,
yo soñaba
que querías soñar conmigo.
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