Era mi guitarra…
Sueño con precipitarme
en el vacío de su mirada,
pero una voz me dice
lo que su corazón calla.
Que son otras estrellas
las que ella ve
brillar.
Otro príncipe azul
con el que muere de esperar.
Son otras palabras
las que quiere escuchar.
¿Dónde estará la verde Luna,
la que me venía a
iluminar?
Pero era la miel de sus ojos
el dulce más divino.
El sabor de sus labios,
la droga más dura.
¿Dónde estará, cuando le necesito, el olvido?
¿Dónde estará, cuando lloro, la verde luna?
¿Dónde estará, en invierno, el ruiseñor y su trino?
¿Dónde estará, todo el año, la primavera?
Y llorar, ¡ay! Amiga mía…
¡Cómo quisiera llorar por fuera!
Pero la pena que llevo dentro
se me clava como una saeta.
Son suspiros de una patria,
cuya bandera era mi corazón.
Lo que mi espíritu anhela,
lo que mi esencia exige,
por lo que mi alma desespera…
Era mi guitarra la que gritaba,
en Anaya pidiendo auxilio.
Confieso que no era viento cortao,
era yo, soplando escondio.
Los recuerdos el tiempo los mata,
pero aunque muera la memoria,
si es
verdad, a tu lado,
que el cielo, lento,
baja y calla…
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