viernes, 21 de junio de 2013

Cuba

Cuba

Un sol enérgico inunda la calle,
mi triste calle, gris y silenciosa,
se llena de bullicio y viento rosa;
auroras barren la calle del aire.

Lejos, junto al mar, va la brisa suave,
tan lejos, que ya no es mía, mi prosa,
la niña de miel, de cobre y mimosa,
lejos, tan lejos, parece un diamante.

La candela dibuja, añil, el cielo
entre remolinos; lejos, muy lejos;
tan lejos, que nadie puede cogernos.

Entre trémulos luceros, como de hielo,
brota, ingrávido y de plata, un espejo,
lejos, donde nadie pueda encontrarnos.

Las palmeras diluyen sus andares
leve, al oído, da un soplo de calor,
sutil, serpentea un dulzón danzón,
allá arriba, la luna baila, cambiante.

¡Qué guaguancó, subía a los barandales!
La acera era de un fulgor multicolor.
Llamaba un daiquiri en el bar de la flor
a la bella cantante y su acompañante.

¡Y qué guateque! La noche, vibrante,
impregnaba el bulevar de fragor,
ella me echaba una mirada radiante.

¡Qué guayaba! Manguito de brillantes,
nívea ninfa bembona de almidón,
enigmática criatura del cante.

¡Ay, como querían los copos de nieve
el derretirse en tus labios carnosos!
En esa delicada y dulce boquita
que prende la mecha de mis pasiones.

Esos ricos besos primaverales
los que inspiran mis más limpias canciones.
Esos ojos vidriosos y de almendra
que son, celos y envidia, de pintores.

Pero ahora Yemayá nos rodea,
y una corriente tropical nos apura...
el alba aparece como un caricia.

Atrás quedaron recuerdos castellanos,
yo miraba, en lo alto, la blanca luna,
mientras ella, callada, sonreía.

Con picardía se miraban los jazmines.
Plateados, se encontraron los amantes:
-Disculpa la tardanza. -Cuando hablamos
de amor, jamás es demasiado tarde.

De la guitarra, un acorde con sombrero,
como cuentas de aguamarina contra el suelo,
canturreaba rojitas las orejas;
perla de lirio y zafiro se van, muy lejos.

Lejos, que nunca nadie pueda cogernos.
tan lejos, donde nadie pueda encontrarnos.
El sol y la luna su camino unían.

Allá vivimos nuestro sueño cubano,
yo miraba, a mi lado, la blanca luna,
mientras ella, enamorada, sonreía.

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